Recordatorios de Amor

Por Eliel Zepeda Rodríguez

Dos de los más grandes errores que todos cometemos son el dar las cosas por sentado y el ir tan de prisa que rara vez nos detengamos a pensar en lo que tenemos. Es normal porque, estamos tan inmersos en lo que queremos conseguir, que olvidamos disfrutar de lo ya establecido en nuestras vidas. Por ello, este será un artículo un poco más largo de lo habitual, pero espero poder conectar contigo y hacerte pensar en cosas importantes que puedes estar pasando por alto.

Lo que actualmente estamos viviendo nos pone en situaciones frustrantes, estresantes y deprimentes que nos han llevado en algún momento de los últimos meses a tener bajones o descontrol sobre nuestras emociones. Quien diga que no le ha sucedido está en negación…

Estas son épocas que nos hacen sentir incertidumbre, miedo a lo que será nuestro futuro, remordimiento de las oportunidades que se nos han ido y enojo por lo que la pandemia nos ha quitado. Está bien tener todos esos sentimientos; el problema es que cuando se nos acumulan y nos llevan al punto de quiebre, donde por un instante o incluso unos días sentimos que ya no podemos más, que no hay nada nuevo que nos motive, como si estuviéramos en un limbo rutinario donde la salud mental resiste menos por cada día que parece ser igual al anterior.

Eso es lo que se siente hasta que llega tu mamá a prepararte un delicioso desayuno o ese amigo tuyo te llama para decirte que jueguen videojuegos un rato; te llega un mensaje de esa amiga que te dice que le encantó la canción que le enseñaste o juegas con ese pequeño peludo de 4 patas que no deja de mover la cola cada vez que te ve. Esos son los pequeños instantes que nos dan gusto y que nos ayudan a recordar que este mundo en el que vivimos no es tan malo, pues incluso en el cielo más oscuro hay una estrella que vale la pena observar.

La familia, los amigos y las mascotas son pilares que han jugado un enorme papel en nuestras vidas este último año. Comenzaré con los papás. Imagínate, si nosotros colapsamos por la presión de las clases, ¿qué sentirán ellos que tienen que esforzarse por cubrir costos de colegiaturas, comidas y gastos del hogar?; añade el esfuerzo que hacen por mantener el orden en la casa donde siempre deben tener puesta la mejor cara para no desmotivarnos. Para los hijos es difícil ver a un papá bajoneado y, lo digan o no, a ellos también les duele vernos tristes, por eso difícilmente demuestran su lado vulnerable, pero te aseguro que lo tienen. La edad y la experiencia no exenta a nadie de sus sentimientos, sobre todo a quien tiene que cargar con el peso de toda una familia.

Damos por sentado que, por ser nuestros papás, harán cosas por nosotros. Pero ¿cada cuanto te has dado el tiempo de hacerles saber lo agradecido que estás y lo mucho que lo aprecias? Si puedes hacerlo, ve y abrázalos, bésalos, agradéceles, porque eso para ellos es motivación. Lamentablemente, te tengo una triste noticia… no importa cuántas veces les digas que los amas o los abraces, al final, cuando ellos partan, te darás cuenta que nunca fue suficiente. Sin embargo,por ahora puedes esforzarte por hacerles recordar constantemente lo mucho que los amas.

Ahora seguiré las amistades. Nos hacen reír y, en ocasiones, nos motivan a ser mejores; nos recuerdan que a veces un compañero confiable es lo que necesitamos para sobrellevar las tediosas clases en línea. Sin embargo, a veces nos cerramos a una sola amistad, y con eso podemos olvidar que hay muchos otros allá afuera que pueden necesitar de un amigo como tú y no lo tienen. Por esto es importante la empatía; así como tú puedes tener un mal día, los demás también. Uno nunca sabe lo que los demás pueden estar sufriendo en silencio, por lo que siempre debemos buscar ser con los demás la persona que a nos gustaría encontrar en un mal día. Demostrar interés y dar atención a alguien es uno de los gestos de amor y amistad más sinceros y especiales que puedes brindar; esas son maneras sencillas de aportar amor a una vida.

Por último, pero no menos importante, están las mascotas. Peluditos que, sin importar el mal que les hagan, jamás buscarán hacer daño a otros. Tienen ojos llenos de bondad y son los únicos que saben cómo subir el ánimo, pero tristemente su vida es corta en comparación a la nuestra y su partida es de los dolores más grandes que se pueden sentir. Recientemente leí algo interesante sobre este tema que decía que los humanos venimos al mundo para aprender a vivir y amar, lo cual toma tiempo; los perros , por otra parte, ya nacen sabiendo esto, y por eso no necesitan vivir tanto como nosotros. Podrán ser seres irracionales, pero hay muchas cosas que podemos aprender de ellos; correr a saludar cuando llegue un ser querido, no desperdiciar oportunidades de salir a pasear, disfrutar de sensaciones simples como el viento en nuestro rostro, bailar con todo nuestro cuerpo al estar felices y, mi favorita, saber que cuando alguien tiene un mal día e intentar apoyarlos tan sólo sentándose en silencio con esa persona, haciéndole recordar que está ahí para él o ella. 

Esos son algunos de los pequeños gestos de amor que los demás hacen y nos ayudan a sentir felicidad, sirviendo de motivación para seguir adelante, quedándose en nosotros como recordatorios de amor. Y tú, ¿qué recordatorios de amor les das a los demás?